jueves, 17 de junio de 2010

Zona muerta, Fernando Gutiérrez Almeira


ZONA MUERTA
Fernando Gutiérrez Almeira

“Como fuere, después de la catástrofe nada había quedado de su obra, y el hombre se vio obligado a retomar su ascensión, hacia la luz, desde el pie de la montaña. (…) Desgraciadamente, está claro que la humanidad -de la que somos sus únicos representantes- va en camino a una veloz regresión y tiende a aproximarse a lo animal”

Fragmento de “El eterno Adán”, Julio Verne


Hay lugares fuera de la Tierra, como la superficie de Marte, que pueden clasificarse como espacios inertes, pero no muertos, pues la muerte supone la finitud de la vida y la presencia al menos pasada de lo viviente. De modo que si bien hay seguramente miles de millones de mundos inertes mientras escribo también es cierto que no puede achacárseles la privación de vida. ¿Es posible, entonces, una zona muerta? Todos o casi todos conocemos de la férrea capacidad de la vida para conquistar espacio vital...ella se filtra en regiones inhóspitas y es capaz de readaptarse y readaptar continuamente el medio circundante a su voluntad de continuidad y florecimiento. En nuestro planeta dificilmente es posible pensar siquiera que alguna pequeña parcela de su superficie pueda ser una zona inhabitada por la vida o de la que la vida haya sido desalojada. Y sin embargo, sin embargo...el ser humano, un ser vivo paradojal, es capaz de establecer zonas muertas, es capaz de llenar de tal manera ciertos espacios terrestres de detritus tecnológicos nocivos que allí, justo allí donde su mano certera ha actuado como la mano de un demonio, no hay vida, es una zona muerta.

Dorion Sagan en su obra “Biosferas” ha pretendido de un modo extrañamente optimista que la injerencia artificial-tecnológica del ser humano en el cuerpo natural de la Tierra, en el tejido viviente, es solo otra etapa del propio proceso viviente, es solo otra instancia que concluirá finalmente en la acomodación de lo biológico a lo tecnológico y en la sumersión de lo tecnológico en lo biológico...llegándose en el futuro a una soldadura solidaria entre la mano del monstruo humano y la fruta terrestre. Pero, ¿acaso no ha sido posible y es posible aún que los megatones del poder atómico arrasen la vida de la Tierra cincuenta veces de una vez convirtiéndola en su mayor parte en una gran Zona Muerta? ¿Acaso no tiene el ser humano por la incidencia e insidia de ciertos poderes personalizados la capacidad de autodestruirse y autodestruir el proceso viviente? Esto significa que la relación del ser humano con la vida no es una mera relación de continuidad y perfeccionamiento como pretende Dorion Sagan...sino que significa más bien que el ser humano es una encrucijada entre la vida y muerte, es una encrucijada que se ha puesto a si mismo el proceso viviente para ser capaz de elegir entre la continuidad y la descontinuación...y esto implica una Elección. Lo que determinará si en el futuro los seres humanos perdurarán y con ellos el proceso viviente en condiciones humanizadas es esta Elección, una elección que depende de la búsqueda del sentido de cada una de las respuestas posibles...el sentido de la vida, el sentido de la muerte. Si la respuesta que nos ha de entregar la experiencia y la investigación es que la vida no tiene sentido y que la muerte es, en definitiva, la meta y confín de toda existencia viva, entonces la Elección será la consumación de la Muerte y el delirio atómico estará justificado. Pero si la respuesta es que la vida tiene sentido, dirección, avance, oportunidad, etc. entonces el ser humano debe pensar desde ya en retraer su mano tóxica y evitar las zonas muertas.

¿Cómo le es posible al ser humano infectar de muerte completa un espacio que antes fue habitable? Lo que ocurre es que el ser humano puede injertar en su vida partes inertes de manera continua y creciente y puede usar estas partes inertes protésicas para injerir en la vida de otros seres...y puede consagrar su vida a estas partes inertes que a veces ni siquiera son ídolos materiales sino solo espectros ideativos. Es decir, el ser humano es capaz de intoxicar su vida y la de los demás seres de la Tierra con partes inertes que injertas en la vida se convierten en partes muertas de la vida en la que son injertadas...partes muertas que al interactuar con el resto del tejido vivo lo laceran, desintegran, descomponen. El ser humano manipula la materia inerte y genera aparatos y microaparatos con los cuales incide sobre los tejidos vivos según su antojo...este es su riesgo, claramente, pues al hacerlo o bien puede llegar a considerarse con el poder de jugar con la vida o bien puede encontrarse con que esta infiltración instrumental con que lacera la vida tiene que alcanzar alguna reverencia y noción de sacralidad para no ser una actividad generadora de zonas muertas.

El accidente de Chernobyl, acontecido en 1986, desató sobre la Tierra un manantial radiactivo que en solo uno días liberó a la atmósfera 500 veces la carga radiactiva desatada por la bomba de uranio lanzada por el imperio estadounidense sobre Hiroshima. Decenas de hombres de buena voluntad, duros soldados de la vida que la perdieron sacrificándose por ella (otra paradoja humana...la del sacrificio), los liquidadores, evitaron que ese manantial quedará abierto y fuera capaz de lanzar a la atmósfera terrestre una carga radiactiva muchísimo mayor que hubiera contaminado por completo la Tierra. Luego del accidente la ciudad de Prypiat, donde estaba el reactor nuclear accidentado, fue evacuada y clausurada, fue declarada espacio inhabitable para los seres humanos, inhabitable a pesar de sus todavía existentes edificios, calles e instalaciones, en un radio de 30 kilómetros alrededor del reactor. La brecha radiactiva fue cerrada con un sarcófago de concreto y metal...con una duración prevista de 30 años por lo cual deberá ser complementado en el futuro por una nueva cubierta más duradera. Allí, dentro de el espacio de ese sarcófago, el ser humano ha consumado un perfecto atentado contra la vida. En ese espacio clausurado hay, en efecto, una Zona Muerta que durará por siglos o incluso milenios como una señal puesta en la Tierra de la capacidad que tiene el ser humano para actuar negando la vida. Esa Zona Muerta es el testimonio de lo que podemos ser y podemos hacer de este mundo único en el que vivimos si la Elección que tomamos es la equivocada.

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