lunes, 5 de julio de 2010

Humanismo Laico (II), Carlos Sequeiro



En una fase de nuestra evolución fuimos conscientes de nuestra existencia, esto supuso ser conscientes de nuestro fin (del fin de nuestra existencia), algo difícilmente digerible mentalmente. Fue como conocer el día y hora de nuestra muerte. Esta situación produjo una gran zozobra interior. Para superar semejante desazón tuvimos que echar mano de la imaginación y nos inventamos un mas allá, un transcender (nace el dogma). Claro que esto tenía que dar respuesta a muchas situaciones, a muchas culturas y a muchas personas (liturgia). Y esta situación tenia que venir de la mano de otro humano especial (divinidad) o de un ser superior que nunca somos capaces objetivamente de ver, de oír o de sentir (dios).
Podemos recrear imágenes con los ojos cerrados, oír música en el silencio más absoluto y sentir que se nos erizan los pelos al recordar sucesos pasados reales o imaginados.
La religión cumple entonces una función balsámica en el ánimo del ser humano que le promete no tener fin y mitiga su angustia de desaparecer sin resolver la pregunta de “cual es mi misión aquí”; pregunta ya polarizada.
Pero la religión creada y evolucionada por humanos, algunos con sus mejores propósitos lo polariza todo, lo influye todo, en lo humano y en lo post humano.
La religión emerge con el poder de coacción infinito (mas allá de lo humano) para alcanzar la transcendencia.
La explotación de los miedos se eleva a límites insoportables que contradicen la razón.
Recordemos la "Santa Inquisición", las purgas a personas y colectivos y el ejemplar castigo a todos los que se desviaban de la fe.
Se comprende la dificultad de obtener respuestas convincentes en ese momento en que se descubre a la conciencia la existencia. Pero el tiempo pasa y la evolución continúa y la situación actual es muy distinta.
El desarrollo de las religiones juegan con la ignorancia hasta que el conocimiento se va abriendo camino lento, obstaculizado y difícil (nace la ciencia, se crean sus normas, epistemología y se dotan de lo empírico).
A partir de este momento la ciencia se convierte en el primer enemigo de las religiones.
Errores crasos como los del comportamiento religioso con Galileo Galilei, han dado paso 500 años después a "la disculpa".
Los miedos de Charles R. Darwin por publicar su "El origen de las especies" que tuvo reposando en su estudio durante 7 años hasta que al final tuvo la valentía de publicar.
La discreción de Gregor Mendel al realizar sus investigaciones en un convento aislado y sus discretas epístolas con los científicos de su tiempo.
Y tantos otros tan o menos significativos que los anteriores, incluso desde el mismo centro de lo religioso, Tomas de Aquino, Francisco de Asis.
Los radicalismos islámicos y cristianos, como resultado de una lectura sesgada y acomodada de los textos religiosos originales.
El obstinato budista e hindú.
Llevan a sus seguidores a dios en la imaginación y a lo absurdo en lo humano.
En nuestra historia conocida, las interpretaciones que se han hecho de textos religiosos, orales y escritos, han sido numerosas - hasta la saciedad. Hoy recogemos multitud de versiones que desvirtúan su espíritu original.
Las religiones se dotan de elementos fidelizadores de sus simpatizantes y desarrollan técnicas en sus liturgias para alcanzar este objetivo.
Hoy desde el marketing echamos mano de estas técnicas para fidelizar a los clientes.
El logotipo
Los iconos
Los colores
El uniforme
Cenar juntos
Cantar juntos
La fiesta anual
La solemnidad y gestos de los actos
También desde la psiquiatría y psicología volvemos la vista a las técnicas usadas por las religiones para incorporarlas en lo laico a sus correspondientes disciplinas aportando procedimientos de curación o alivio en lo intangible.
Descarga de conciencia (confesión)
Terapia de grupo (cantar y cenar juntos)
La situación actual es otra. La ciencia se defiende y mantiene a si misma por el rigor, la evidencia y lo empírico.
Esta situación conlleva a las religiones a represiones para defender sus postulados o a una constante redefinición o al ajuste de los mismos.
Esta actuación influye como un lastre para la sociedad que avanza con ese freno aunque cada vez con mayor inercia liberadora.
El sentido de la religión se ha debilitado por los avances de la ciencia que nos propone ideas y respuestas que pueden ser aceptadas por nuestra razón, sustituyendo a las ideas y respuestas basadas en la fe.
Hoy podemos preguntarnos "la necesidad de Dios".
Podemos razonar nuestro origen desde el conocimiento en base al azar y la necesidad.
Podemos entender lo esotérico y misterioso desde un planteamiento no milagroso ni religioso.
Podemos razonar lo escatológico.
Incluso podemos cuestionarnos él por que estamos aquí, que misión tenemos.
Podemos explicar desde la psicología y psiquiatría muchos de los fenómenos que nos suceden, sin explicación aparente.
Desde el punto de vista de la razón, negar la existencia de dios requiere el conocimiento empírico de esta afirmación, conocimiento que no se tiene. Lo que si podemos afirmar es que dios, si existe, no se manifiesta y no condiciona nuestros actos, nuestras vidas. Por lo tanto podemos organizar nuestra vida sin contar con él, sin necesidad de él.
En cualquier caso aceptamos desde la posición de la ciencia la ignorancia que tenemos y la esperanza de que la investigación arroje luz en un futuro a lo que hoy desconocemos. Y aún aquello que creemos conocer mejorarlo con nuevos descubrimientos y esfuerzos.

© csl

François Raffoul: Los Orígenes de la Responsabilidad



[Conferencia pronunciada el 14 de enero de 2010 en el Auditorio Roberto Murillo Zamora de la Facultad de Letras de la Universidad de Costa Rica.]


La ambición de mi libro The Origins of Responsability (Indiana University Press, abril de 2010), ha sido reelaborar la cuestión de la responsabilidad en el pensamiento europeo post-nietzscheano, con el fin de explorar sus sentidos post-metafísicos, fenomenológicos y ontológicos, lejos de su tradicional interpretación en tanto rendición de cuentas (accountability) de parte de la voluntad libre de un sujeto autónomo. En efecto, el concepto de la responsabilidad ha sido asociado tradicionalmente —si es que no ha sido totalmente identificado— con el de la rendición de cuentas, bajo la autoridad de una filosofía de la volutad libre y de la causalidad, que pertenecen de suyo a una metafísica basada en el sujeto. La responsabilidad ha sido concebida en términos de la causalidad como el fundamento del acto o del evento. Identificada con el concepto de la rendición de cuentas, la responsabilidad designa así la capacidad de un agente de ser la causa y el fundamento de sus actos. Las llamadas incesantes a la responsabilidad en nuestra cultura contemporánea son siempre un reforzamiento de la agencialidad, de la posición de un sujeto-causa, y de la identificación de un ‘quién’. Una interpretación metafísica del concepto de la responsabilidad —a saber, la rendición de cuentas en tanto indicación del poder de un sujeto volitivo— determina exhaustivamente el dominio hermenéutico de la responsabilidad. Irónicamente, esta ‘ideología de la responsabilidad’ predominante suele acompañarse de una singular negación respecto de una genuina reflexión en torno a los sentidos de la responsabilidad y en torno a lo que significa ser responsable. La responsabilidad es simplemente supuesta como la rendición de cuentas de un agente libre. Sin lugar a dudas, se trata de una situación irónica, dado que resulta bastante irresponsable no saber qué significa la responsabilidad cuando se la trae siempre a colación. Se debe preguntar: ¿Se agota el concepto —más bien, la experiencia— de la responsabilidad en el sentido de la rendición de cuentas? ¿Se agota con base en la intención voluntaria, en tanto subjetividad que fundamenta el acto?
Ningún concepto es atemporal o ahistórico. Nietzsche ha lanzado un reto a la tendencia de acercarse a los problemas filosóficos de forma ahistórica o deshistorizada. Tal sería el ‘yerro común’ de los filósofos: no dan cuenta de la historicidad de su objeto. La falta de sentido histórico es “el error familiar de todos los filósofos” (Nietzsche, 2006: 13). Lanzando un reto al mismo tratamiento ahistórico acerca de la cuestión de la responsabilidad, Derrida afirma que “usualmente se cree, con base en un análisis de los mismos conceptos de responsabilidad, libertad o decisión, que ser responsable, libre o capaz de decisión no puede ser algo adquirido, algo condicionado o condicional” (1996: 5). En cualquier caso, como escribe Nietzsche, “todo ha devenido: no hay hechos eternos, así como no hay verdades absolutas. En consecuencia, lo que se necesita a partir de ahora es un filosofar histórico y, junto con ello, la virtud de la modestia” (2006: 13). La responsabilidad ha de ser resituada en su propia historicidad. Un filosofar auténtico sobre la responsabilidad enfrentaría la propia historia del concepto de la responsabilidad y buscaría inquirir: “¿Qué sería la responsabilidad si fuera motivada, condicionada, y posibilitada por la historia?” (Derrida, 1996: 5).

Esta es la razón por la cual he emprendido el proyecto de una ‘historia de la responsabilidad’ (que, de ninguna forma, es exhaustiva) con el fin de mostrar de qué manera la responsabilidad ha sido construida de forma que progresivamente ha llegado a identificarse con la rendición de cuentas de un sujeto volitivo. El concepto tradicional que prevalece sobre la responsabilidad designa la capacidad de un sujeto de ser el autor y la causa de sus actiones. Se dice que una acción depende del agente que ostenta la posición de subiectum, de sujeto-causa. Ahora bien, la nociones de ‘el ser autor’ (authorship), de agencialidad y, de hecho, de subjetividad, son cualquier cosa menos naturales; más bien, son el resultado de una cierta construcción (lo que Nietzsche denominaba una ‘ficción’ o una ‘mentira’), la cual puede ser retrotraída históricamente en una genealogía específica y en una descontrucción, donde exponer esta construcción implica de suyo el emprender su desconstrucción, si seguimos en este punto a Jean-Luc Nancy, para quien “como toda construcción en concordancia con la ley general de la construcción, ésta se expone a sí misma constitutivamente a su desconstrucción” (2008: 48). Dicha desconstrucción no niega la posibilidad de la responsabilidad, sino que contrariamente permite su reconceptualización sobre una base diferente. Por ejemplo, la crítica nietzscheana de la moral abre el camino para un nuevo tratamiento del concepto de responsabilidad liberado de su asociación con la metafísica de la voluntad y de la sujetividad, o de la rendición de cuentas.

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