viernes, 21 de agosto de 2009

Descristianización a lo Figari-Latreaumont (por Fernando Gutierrez Almeira)

Advertencia previa: Cristianos fanáticos abstenerse de leer esto, cristianos no tan fervientes no confundan la critica dirigida hacia el cristian-ismo con una critica dirigida a los cristianos pues es sabido que los cristianos también han padecido el cristianismo...y por último, nadie confunda una crítica como esta al cristianismo con un intento de mancillar la figura, sea fantástica o no, del Salvador, pues en esta figura la humanidad ha concentrado esperanzas hacia virtudes de las que en general carece...la virtud de redimirse y la virtud de ser caritativo. En general, hay que decirlo, los cristianos no se han redimido de los crímenes ya milenarios del cristianismo como lo han sido la tortura inquisitorial, la persecusión del hereje, la fantasmagoria atroz de la caza de brujas, las hogueras, las lapidaciones, la destrucción de la cultura pagana, la muerte de Giordano Bruno, la carcel de Galileo Galilei, etc, etc, etc. 

DESCRISTIANIZACIÓN A LO FIGARI-LATREAUMONT 
Fernando Gutiérrez 

La opacidad mental que caracteriza estas regiones latinoamericanas, el latifundio cerebral en el que los ecos de las voces se extinguen mucho antes de ser escuchadas, la soledad campestre de sus pensadores, me llena de repugnancia, sobre todo cuando por el expediente de ir a una biblioteca liceal me encuentro con una estanteria repleta de obras interesantisimas escritas por autores uruguayos, abandonadas lúgubremente. Entre ellas hago descender de su contubernio con el polvo y la degradante humedad una obra del poeta, pintor y filósofo uruguayo Pedro Figari, con prólogo de Arturo Ardao, en tres tomos jamás hojeados (de los cuales encuentro solo dos), siendo prueba de esto último el que haya tenido que ir tras un cuchillo para separar sus hojas aún cerradas. Se titula "Arte, Estética e Ideal" y es una delicia de esas que obligan a tener pronto el paladar...publicado en 1912. Me entero que tuvo dos ediciones al menos en Francia con prologo de Henri Delacroix la primera y de Desiré Roustan la segunda, pero eso no significa otra cosa mas que el rubor de tener a alguien entre los nuestros que otros deben leer para que nosotros, los uruguayitos, también podamos hacerlo. Pero no es esta la ocasión para quejarse sino para agradecer una buena lectura. Me prometo futuros comentarios sobre esta obra pero ahora lo que quiero compartir y comentar es algunas de las frases que Figari dedica al cristianismo. Dice: "Lo que se predica como base fundamental de acción: el amor, el amor incondicional, es inaccesible como una utopía, y lo que se aconseja como más eficaz para propiciarnos la gracia divina: la renuncia de los bienes terrenos, es un elemento negativo, disolvente, demoledor." Comentario: El amor, tal vez, pero el amor INCONDICIONAL, ese amor imposible que predica el buen cristiano, es un exceso que fuerza a la conciencia más allá de sus limites, una desmesura que pone a la voluntad fuera de sí con una exigencia utópica, ideal, que lacera esos limites que deberían ser aceptados...el amor terreno, el amor de tierra resulta asi poca cosa o nada, y la exaltación termina siendo justamente lo contrario de lo que se predica, una aridez pseudoamorosa que lacera la carne y la vida para alimentar su ideal INCONDICIONAL. Un amor que condena a los cuerpos, a los rios en que esos cuerpos se sumergen, a los crecimientos y envejecimientos que se producen en torno de esos rios, un amor que quiere desencarnar el alma y transformarla en un halito de pureza solo puede consagrarse con infinitas crucifixiones sucesivas o con una crucifixión interminable. Y alli lo tenemos a Cristo colgando de la cruz, sangrando sin fin, sufriendo sin fin, sin que ninguno de sus prosélitos se digne en descolgarlo. El amor cristiano ha sido descrito de manera excelente por Lautreamont: "Amor ávido que se devoraría a sí mismo si no buscara su alimento en las ficciones celestiales: creando, a la larga, una pirámide de serafines, más numerosos que los gérmenes que hormiguean en una gota de agua..." Sigue Figari: "Toda moral que tienda a desconocer la naturaleza humana coloca al hombre ante esa disyuntiva: la deformación o la simulación. Este es el dilema que fundamentalmente plantea al creyente la moral de Jesús. El cristiano se diría que es un lobo que aspira a ser oveja, y como no hay creencia que pueda consumar la hazaña, bien triste, por cierto, de trastornar la naturaleza en que es esencial por lo menos, se advierte siempre por debajo del hábito del budista, del cristiano, del católico, del mahometano, de quienquiera que sea, al hombre, como entidad superior, precisamente porque es de carne y hueso." Comentario: Efectivamente el monoteísmo implica un esfuerzo por tomar a la naturaleza humana y retorcerla para sacar del cuerpo un alma pura, tirando el resto a la basura como un amasijo sin sentido. Para ello se fuerza al creyente en el corsé de una culpabilidad no sentida simplemente respecto de sus actuaciones reprobables sino de su naturaleza misma en lo que tiene de esencial...el monoteísmo culpa al ego por ser ego y en esto no responde mas que indirectamente y deficientemente a los intereses comunitarios, porque lo que ese altruismo significa es tramposamente un simil de la solidaridad y actitud comprensiva entre los seres, mientras que en realidad lo que supone es la exacerbación idílica e idealizada de la autodestrucción, de la autolaceración, es decir, es un incentivo para la extralimitación autodestructiva y con ello, puesto que los extremos se unen, para la extralimitación destructiva y pretendidamente omnipotente. Entre la impotencia y la omnipotencia es que se mueve la idealización altruista del monstruo humano, faltando en todo momento la constatacion, que Figari requiere a su manera, de que el monstruo difícilmente pueda exhalar perfumes al ser exprimido. Cuanto mas haga presa el nihilismo monoteísta en la mente de un creyente, mas entusiasmado hacia su propia omnipotencia y ocupado de su propia impotencia lo encontraremos, y no es de extrañarse que lo veamos un dia dándose latigazos en la espalda o dejándose morir de inanición. Por supuesto que en esta época de fast food y bebidas light tamaño trastorno de credulidad no pasara de causar una sonora risotada entre los espectadores, o como máximo una leve curiosidad de zoólogo. Volviendo a hablar Figari del cristianismo específicamente: "Nada es menos aprovechable como fuerza de avance que esos seres que viven balbuceando oraciones y persignándose, bajo la presión de un terror absurdo...Este suplicio tantalesco a que se ha sometido al hombre, el rey que si dice hecho a imagen y semejanza de Dios para acentuar la ironía de su humillación, no es ni puede ser un elemento progresista, sino estéril y enervante" Comentario: No acuerdo con Figari en cuanto a la esterilidad del cristianismo en general sino que diría mas bien que el cristianismo predica la esterilidad y solo es estéril en cierto sentido... pues al predicar la esterilidad somete a la vida humana a un esfuerzo de castración del que puede obtenerse una ulterior ganancia de disciplina, sometimiento, servilismo, obediencia , que es precisamente la que le encontraron los emperadores romanos. En todo caso esa esterilidad le corresponde al crédulo y no al que se sirve del crédulo para sus fines terrenales. Los predicadores de la verdad, muy por el contrario, obtienen poder y conservan su capacidad para la hipocresía pues predicar la verdad como una condena sobre la vida, sobre la sinceridad de la carne y la sangre, sobre el ego, es predicar el terror y la necesidad de someterse para no ser alcanzado por el rayo de la destruccion el dia del juicio sin poder sincerarse consigo mismo al predicar, porque el que predica es un ego, justamente un ego y de los mas autoengrandecidos, ya que la omnipotencia se siente suave y firme cuando se pronuncian palabras divinas. Si se quieren terroristas es facil encontrarlos entre los que predican el monoteísmo, incluyendo los predicadores apocalípticos del cristianismo. Si se quieren mentirosos compulsivos alcanza con ir a buscar a los que hablar en nombre de Dios. Aparte: Si el ser humano, ese monstruo, es imagen y semejanza del Dios Unico, esta claro que este es un Monstruo, un Monstruo que se compadece de sus horribles criaturas o que las devora según sus intenciones del momento, con actitud inescrutable. Es más inescrutable cuando los compadece que cuando los castiga, por cierto, porque quien podria compadecer a seres que pueden ser descritos de esta manera: "He visto a los hombres de cabeza fea y ojos terribles hundidos en las oscuras órbitas, superar la dureza de la roca, la rigidez del acero fundido, la crueldad del tiburón, la insolencia de la juventud, el furor insensato de los criminales, las traiciones del hipócrita, a los comediantes más extraordinarios, la fuerza de carácter de los sacerdotes, y a los seres más ocultos al exterior, los más fríos del mundo y del cielo, dejar a los moralistas que descubran su corazón, y hacer recaer sobre ellos la cólera implacable de las alturas. Los he visto a todos a la vez, con el puño más robusto dirigido hacia el cielo, como el de un niño ya perverso contra su madre, probablemente excitados por algún espíritu infernal, con los ojos recargados de un remordimiento punzante y al mismo tiempo vengativo, en un silencio glacial, sin atreverse a manifestar las vastas e ingratas meditaciones que encubría su seno - tan llenas estaban de injusticia ~ y horror-." (Lautreamont). Dejemos aquí poetizar un poco mas a nuestro querido Lautreamont, que en su sendero de perdicion totalmente personal, pretendió describir, con intuicion nada despreciable, la manera en que el Dios Unico procede con sus creaciones en los momentos de malhumor: "Al no encontrar lo que buscaba, levanté mis párpados asustados más arriba, aún más arriba, hasta que percibí un trono formado de excrementos humanos y de oro, sobre el cual se pavoneaba, con idiota orgullo, el cuerpo, envuelto en un sudario hecho con sábanas sin lavar de hospital, de aquel que se denominaba a sí mismo el Creador. Tenía en la mano el tronco podrido de un hombre muerto, y lo llevaba, alternativamente, de los ojos a la nariz y de la nariz a la boca; una vez en la boca, se adivina que hacía con él. Sus pies se hundían en un vasto charco de sangre en ebullición, en cuya superficie se alzaban bruscamente, como tenias a través del contenido de un orinal, dos o tres tímidas cabezas que volvían a sumergirse en seguida con la rapidez de una flecha: un puntapié bien aplicado en el hueso de la nariz era la conocida recompensa por incumplir el reglamento, dada la necesidad de respirar otro ambiente, pues, en modo alguno, esos hombres no eran peces. Anfibios, todo lo más, que nadaban entre dos aguas en ese líquido inmundo... hasta que, no teniendo ya nada en la mano, el Creador, con las dos primeras garras del pie, cogió a otro de los sumergidos por el cuello, como con unas tenazas, y lo alzó en el aire, fuera del fango rojizo, ¡exquisita salsa! Con éste hizo igual que con el otro. Le devoró primero la cabeza, las piernas y los brazos, y en último lugar el tronco, hasta que nó le quedó nada, pues roía los huesos. Y así a continuación durante las demás horas de la eternidad. Algunas veces exclamaba: «Os he creado, y por lo tanto puedo hacer con vosotros lo que quiera. No me habéis hecho nada, no digo lo contrario. Os hago sufrir por mi propio placer»." Figari es consciente del carácter devorador del Dios cristiano y afirma: "Se piensa que a Dios nada le ha de aplacar (¿el apetito?) como la humillación, el martirio voluntario, la miseria, el sufrimiento, la propia automutilación. Tiene que ser MISÉRRIMA la concepción teista que exija tal MONSTRUOSIDAD" Figari cita a Taine, en su "Filosofia del arte" cuando este se refiere a los templos cristianos: "Los hombres que vienen aquí tienen el alma triste y las ideas que aquí vienen a buscar son dolorosas". Dice Figari: "Los preceptos morales del cristianismo...son irrealizables. Amarse los unos a los otros, no disfrutar de lo terreno, humillarse, resignarse, optar por la pobreza, sacrificar los vinculos de la familia por la fe, y amar por sobre todo esto a Dios, que nos ha impuesto- él OMNIPOTENTE- tanto sacrificio, y amarlo todavía por su bondad y misericordia: he ahí el mandato cristiano. Fuera de que es imposible amar lo que es IMPALPABLE, lo DESCONOCIDO, resulta más imposible aún cuando se presenta bajo un aspecto tan cruel, imponiéndonos restricciones, vejámenes y sufrimientos, desde su ALTO SITIAL." Comentario: Lo atrayente del ideal cristiano no es la carga de moralidad tradicional que arrastra consigo sino su imposibilidad tácita. Lo imposible exacerba pues la voluntad sentida como impotente se desgarra a si misma en búsqueda del fin que no alcanza y de este modo acepta todo el dolor que siente como necesario y una vez que lo siente como necesario se regocija en el como un castigo precisamente de su exacerbación desmedida, asi su ansia de omnipotencia incentivada idealmente se reconforta simultáneamente con el látigo del sometimiento al dolor, de modo que la impotencia se le vuelve la demostración emocional de su potencia. Es un ideal muy adecuado para los pusilánimes y los dolientes de todo tipo, pues les hace ver su futilidad como la suprema concreción de su entrega a un ideal que los redime y les concede, como premio adicional, el poder absoluto de la inmortalidad. Si se puede amar a un Dios que exige la autonegación es porque ya se es un negado, y el ser humano es un negado en cuanto siente sus limites como separación o incapacidad, es decir es un negado por definición, por ser una autoconciencia. De modo que el ideal cristiano es una respuesta que satisface al impotente transformando mediante una destilación divina esa impotencia en omnipotencia por participación en la omnipotencia y eternidad de Dios, que existe fuera del mundo, es decir, en la nada ilimitada donde los limites ya no impiden ni descaminan. Es una respuesta dirigida al corazon humano en cuanto ego, al fin y al cabo, aunque lo que exige al ego este veneno es que se extralimite expulsivamente sacrificándose enteramente para ser absorbido por su divinidad, del mismo modo que la doctrina budista sugiere al ego ser absorbido por la nada nirvánica. Aquí corresponde citar unas palabras de Nietzsche: "Llegar a ser igual a Dios, ser ABSORBIDO por Dios, estos fueron durante siglos los objetivos del deseo mas ingenuo y convincente." Dice Figari: "Se dice sin ironía, que la fe cristiana es consoladora, y que, en medio de nuestras aflicciones, nos sirve de estimulo, como lo haría un oasis en el desierto; pero, dada la ferocidad con que se pinta la justicia de Dios, resulta mas bien una amenaza" Comentario: El consuelo, sin embargo, al estilo cristiano puede muy bien verse como el placer que puede obtener un masoquista al lamer la sangre de su propia piel castigada. Como estos espectáculos desagradables ya no corresponden al gusto de la época, la Iglesia Católica y sus adláteres apocalípticos prefieren aventar flores de redención y hacer que el Hijo cargue con todos esos suplicios. De este modo se puede esperar ecuménicamente y con el trasero posado sobre un comodo almohadón que el cielo se abra y los jinetes del Apocalipsis se encarguen de la inmundicia humana. Sigue Figari: "Toda adversidad es un bien, porque es un título para la otra vida, y todo bien es una adversidad, porque un bien que disfrutamos con arreglo a nuestra estructura...puede depararnos castigos desmedidos, como una mala acción." Comentario: Vemos aquí claramente el sentido trágico, aunque no dionisiacamente trágico, de la voluntad cristiana, que procede antagónicamente consigo misma, que se resuelve contra si misma negándose los objetos de su deseo para desear la nada de otra vida sin deseo alguno. El ideal cristiano es la idealización pues de la inversión de la voluntad humana contra si misma, es la idealización de la autosupresion, autosupresion que implica una objetivacion completa por identificación con el ser divino. Figari: "Este mundo (según el cristianismo) es un sitio de prueba y de penitencia, una gran penitenciaría en la que debemos vivir atribulados para redimir el pecado...En esta penitenciaría debe pensarse fijamente en la muerte, como el reo que está en capilla." Comentario: Así pues el cristianismo es una vituperación de este mundo terrenal sea cual sea la reinterpretación que se pretenda hacer de él, una vituperación en nombre de una perfección situada mas allá de la corruptibilidad y perdición temporal, una perfección ultraterrena. El cuerpo y la Tierra, cristianamente hablando, son una cárcel para el alma, ni siquiera un hogar sino un estorbo que encadena ese halito espiritual que la muerte es capaz de extraer siempre. La muerte se vuelve entonces un bien en la medida que nos libera de la vida, esta carga, esta cadena y condena, y nos coloca ante la posibilidad de ser redimidos de nuestro ser culpable, radicalmente culpable, por la presencia ante el Dios omnipotente. Al afirmar la muerte el cristiano no la acepta sino que pretende ir más allá de ella, inmortalizarse, de modo que no se afirma como autoconciencia, como ego, como ser mortal, sino que se inhumaniza en una no-muerte divinizante. Ser muertos vivientes, resucitados, esa es la mayor aspiración de los cristianos. El milagro de la Resurrección resume por completo esta ansia de inmortalidad, de eterna perduración, esta negación de la muerte A TRAVES DE LA MUERTE, equivalente a la negación del ego POR SI MISMO EN UNA CONSAGRACIÓN OMNIPOTENTE DE LA IMPOTENCIA en la medida en que el ego, la autoconciencia, solo es posible como conciencia mortal. Con estas palabras de Figari puedo aclarar mi punto: "El cristiano auténtico, ni debería defenderse, y cuando lo azotasen tendría que reputarse feliz, si el dolor le permite orar por sus verdugos; TODO ESTO POR EGOÍSMO, para disfrutar de las recompensas celestiales." Esta claro que este egoismo es masoquista al extremo en la medida en que implica una ilusion de autoafirmación a traves de la negación propia que niega la muerte, es decir, la autonegacion COMO SER MORTAL. En resumen: El ego es conciencia mortal, la muerte le es esencial...como ego cristiano no acepta la muerte, de modo que la niega (aquí esta la doble negación de la que hablo). Al negar lo que lo niega, la muerte, el ego pretende afirmarse, pero esta pretensión falla porque lo que el ego afirma no es ya ego, es decir, conciencia mortal, sino conciencia sin limites, inmortal, es decir, su divinizacion y negación absolutas a favor de ese otro mundo, ese Objeto Exterior que lo absorbe. La doble negación no se resuelve afirmativamente sino que sume al ego en la estupidez de una ilusoria e imposible omnipotencia mediante la consagración de su impotencia. El altruismo no es la voluntad egolatra negada sino la egolatria alimentándose de la alienación autodestructiva. No debemos confundir pues altruismo con solidaridad o amor humano y finito, pues el lazo solidario, el lazo terrenalmente amoroso, es un lazo entre voluntades que conservan su ansia de poder y sus fuerzas sin que esto obste a que se prodiguen mutuamente o armonicen sus intenciones. La participación de los egos en una unidad mayor comprehensiva no requiere de su supresión como tales egos en una ilusion altruista. Existen las jaurías de lobos. Figari aclara: "Si pudiera trocarse el egoismo en altruismo, o siquiera equipararse, si pudiera suprimirse el amor a la vida y a la propia individualidad, si esta fuerza que regula y estimula al hombre como a los demás organismos cesara de actuar, pronto se advertirían síntomas de relajamiento, de disolución. Si el egoísmo puede ser educado dentro de un criterio racional que lo contiene, sin desconocerlo, no puede ser excluido, sin atentar en lo más intimo contra la naturaleza humana." Comentario: Concuerdo con Figari en cuanto a que el egoismo, esto es, la afirmación del ego por si mismo, es algo inevitable, y como se puede ver hasta en el altruismo mas absoluto esta afirmación se encuentra implícita al menos como intención purificadora...purificadora de egoismo, con vistas a lograr..., vaya broma de mal gusto, un EGO ALTRUISTA. El egoismo es innegable en la medida en que el que puede ejercer esta negación solo puede ser el propio ego, que al negarse estaria de este modo afirmando su negación, es decir, afirmándose ilusoriamente al menos. Pero evitar la ilusoriedad altruista, una forma de extralimitación del ego por el camino expulsivo masoquista, no puede llevarnos a creer que la afirmación del ego debe ser absoluta, porque una afirmación absoluta del ego es de nuevo una extralimitación, esta vez con carácter absorbente y sádico...a esta extralimitación la podemos distinguir del egoísmo originario llamándola egocentrismo...Ni el altruismo ni el egocentrismo, formas ambas de la soberbia humana, son respuestas adecuadas frente a la naturaleza humana, sino solo respuestas basadas en una alienación del ego respecto de si mismo por subsuncion en lo otro o de lo otro por subsuncion en si mismo. Estos dos movimientos, el de la adoración obediente y sufrida de una omnipotencia externa o el de la autoadoración ególatra, son movimientos que exacerban el ego y lo alejan de la reconciliación con su mortalidad, es decir, consigo mismo. El egoismo "educado dentro de un criterio racional que lo contiene" tal es la respuesta a mi entender correcta para la naturaleza humana, y la continencia del ego implica la aceptación de su mortalidad pero al mismo tiempo su afirmación como ego, es decir, como conciencia mortal. Reconocer y aceptar los limites, ser razonables, en esto estriba el principio de una convivencia solidaria no exenta de egoismo pero si de pretensiones desmesuradas. Este es el principio por el cual, a mi entender, la ética tiene su fundamento: que no solo existan reglas validas universalmente sino que esas reglas refrenen las voluntades dentro de un marco de lealtad y redistribucion constante del poderio...en pocas palabras, la continencia y no la supresión del ego. Dice Figari: "De un lado pues, la apología de la virtudes ausentes, y del otro, la consagración real, efectiva, de la ley que rige al organismo, RECRUDECIDA por causa de estos propios ideales" Comentario: La aplicación sistemática por parte del decadente imperio romano de la doctrina cristiana como antidoto para su decadencia puso de tal modo a las vigorosas razas europeas en tensión autolacerante, engendrando en ellas una brutal autodisciplina basada en feroces exhibiciones de crueldad, que una vez que el imperio y su reminiscencia papal decayeron, dieron lugar a un desahogo de esa tensión largamente acumulada sobre otros pueblos, victimas propiciatorias de excesos destructivos nacidos reactivamente del exceso idealista cristiano. Del sometimiento cristiano a las exigencias del Dios omnipotente pasaron los europeos a una desbocada reaccion sadica que extendieron a sangre y fuego por todo el orbe en su expansionismo colonial. El remordimiento producido por siglos de constricción y enjaulamiento mental dio como su hijo predilecto un explosivo desafuero de violencia que iba mucho mas alla del simple afán de conquista, como lo muestra la historia de los pueblos americanos, victimas de un gigantesco genocidio, o la de los pueblos africanos, pasto de denodadas carnicerias, o la de los pueblos asiáticos, atrozmente acosados y rapiñados por la ambicion desbocada de las potencias coloniales. Al final, aunque fuera de la manera mas cruenta, dolorosa e infame posible, la vida pútrida y maloliente triunfo sobre las exigencias cristianas de pureza. Figari: "Se prefiere la simulación de la fe, un sometimiento fingido a una religión, y se toma por rebelión todo intento investigatorio. ¿Qué sería de la humanidad si hubiera podido prevalecer este anhelo fideísta, liberticida?" Comentario: Figari apunta aquí a la relacion entre la negación de la libertad de pensamiento y la fe del creyente...y la relación es clara, la Verdad Absoluta se revela al creyente a modo de deslumbramiento y este solo debe permanecer obsedido en ella hasta la muerte para alcanzar la salvación, de modo que dudar seria desviar la mirada del objeto que lo absorbe poco a poco hasta su autosupresión y volver a querer para si una existencia propia, afirmarse como pensamiento, como ego, nuevamente, al ejercer a partir de la duda, una búsqueda de conocimiento autodeterminada. La fe debe ser ciega porque solo el enceguecimiento del que mira ABSORTO esa Verdad Unica hace posible penetrar en ella sin suspicaces desvios que pudieran resquebrajar el proceso de absorción. El nihilismo hindú es en esto mas terminante: se trata de eliminar directamente el pensamiento, dejar de pensar. Figari: "Seria menester que nos hablarán los muertos para saber qué efectos tuvo el cristianismo fuera del mundo, pues aquí solo es una abstracción, una visión tétrica, sin más efectos tangibles que los holocaustos de los iluminados (y todavía más de los herejes, digo yo). Por fortuna su reino no fue de este mundo. Decimos esto porque si hubiéramos tenido que esperar el progreso humano de la acción cristiana, la humanidad se hallaría aún en la aflictiva condición de los tiempos en que se engendraron los delirios ingenuos de que nos ocupamos." Efectivamente, el aporte del cristianismo al mejoramiento de la condicion humana es el de ser un aliciente para tratar de no ser cristiano y en este aporte, ademas, hay demasiada sangre derramada como para que pueda ser valorado positivamente. Para terminar, sin comentario, estas hermosas palabras de Figari: "Esa fe tétrica, desesperante, desconcertante, desolante como una letanía, no pudo engendrar ningún anhelo activo, ni despertar ninguna de las iniciativas a que mas debe la humanidad. Un día sorprenderá que se haya hecho tanto para dar cuerpo a esta perfecta quimera que, afortunadamente, no pudo arraigar, por hallarse en abierta pugna con la realidad. Así es que, a despecho de tantos y tan ilustres cultores de esa fe ingenua, vemos como se desvanece su inmenso prestigio A MEDIDA que se progresa en el conocimiento." (Y yo agregaria: aunque el progreso no sea lineal). Y al final: " EL CRISTIANISMO ES UNA ASPIRACIÓN A LO IMPOSIBLE. Su acción, pues, resulta estéril, y aún contraria a los intereses humanos, tanto más cuanto más empeñosa."

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