viernes, 25 de junio de 2010

El hombre técnico o la pérdida del goce por lo bello, Gustavo Bitocchi

"En la raíz del hombre técnico,
que pareciera ser el fantasma que se cierne hoy sobre el mundo,
(...) hay que señalar el magno advenimiento de la ciencia y de la técnica."
Mandrioni, H. - Sobre el amor y el poder. Cáp. 6 #4; p.281.

Nos encontramos en un mundo alterado por la ciencia y la técnica. Alter significa otro. Somos otros por la ciencia y la técnica. Esta alteración no debe entenderse como algo necesariamente negativo. De ninguna manera. Pero es un hecho: Este mundo es otro por la técnica y la ciencia. Y nosotros somos otros también.

En este mundo alterado encontramos a un hombre alterado también por la técnica y la ciencia. ¿Quién es este hombre alterado? Un hombre técnico u homo technicus. ¿Quién es el hombre técnico? Un hombre alterado en su forma de pensar, de sentir y de obrar por la técnica. ¿Nos estamos refiriendo a aquel hombre que se dedica específicamente a lo técnico? ¡No! Nos referimos a todo hombre. Esta es la hipótesis: La técnica altera y afecta a todo hombre en su pensar y querer.

El hombre tiene dos capacidades personales: Entendimiento y voluntad. Por un lado que la voluntad tiende naturalmente (o por naturaleza) al bien, es más, busca, quiere, ama el bien y tiene que elegir entre bienes particulares posibles, es decir, es libre. El hombre técnico ha desvalorizado esta capacidad y ha exaltado al entendimiento. Ahora bien, por otro lado, el entendimiento busca la verdad. El entendimiento entiende y razona. Tiene dos características: la intelectiva con la que entiende y la discursiva o lógica con la que razona. Con la primera intenta penetrar en las cosas, es más bien contemplativa y supone una actitud filosófica. La segunda dis-curre conceptos e ideas pasa de una idea a otra, se corre de una idea a otra. Es una actitud más bien lógica.

¿Qué pasa con nuestro hombre técnico? Sólo le interesa dis-currir. Es más aún, discurre no tanto ideas sino palabras sin ideas detrás que la respalden. Manipula palabras en su discurrir. No importan qué significan, sólo importa que funcionen, sirvan. Pues bien, el hombre técnico ha subrayado el aspecto lógico en desmedro del intelectivo. Ya no importa tanto qué significan las cosas, sino discurrir con palabras antes que ideas. El hombre es un ser discursivo y nada más que discursivo, he aquí su error. Así pierde plenitud y se fragmenta en palabras vacuas que lo arrojan en pedazos a la existencia sin más interés que el vivir por el vivir mismo, pues las palabras ya no significan nada para él.

La voluntad de amar se empequeñece de tal manera por esta hiperracionalización que termina no sabiendo cómo amar. Tiene una escisión tan profunda en el disco rígido del alma que no llega a entender lo poético del mundo, sólo entiende lo técnico y nada más que lo técnico, caso contrario queda fuera del sistema. Lo poético, queda para el hombre débil, que se automargina del sistema en un gesto casi suicida ante los ojos del hombre técnico. El hombre poético es el que no manipula palabras, ni sirve para el sistema, es el que está out. Pero el hombre técnico, aún dentro del sistema, tiene que enfrentar a otros que discurran mejor que él, debe apresurarse a que (el sistema) no lo pase, y no quedarse atrás en el tiempo. Por esto, nos urge estar al día, al momento, al minuto, al segundo y si se pudiese a la mismísima milésima de segundo, y así todo el tiempo, enmarañados en una existencia y ritmo que nos cuesta pilotear. Una urdimbre intolerable. Nos tornamos un hombre temporalmente acelerado. La vida se nos torna una tormenta de la cual no podemos escapar, tenemos que sobrellevarla de cualquier manera y contra viento y marea para no quedar ni atrás ni afuera. Tenemos que sobrevivir al sistema.

De tal modo está alterado y afectado este hombre que sólo existe en tanto y en cuanto está inserto en el sistema, es decir, sirve al sistema. Y sirve porque hace cosas que sirven. Hace cosas. Es excesivamente práctico, es pragmático. Obviamente ser práctico y hacer cosas es bueno, muy bueno, pero no su absolutización. Y lo que sigue, en este hombre técnico, es afirmar que sólo es bueno lo que sirve, lo que es practicable o se puede llevar a la práctica y, por otro lado, negar la existencia de las realidades que no-sirven o no se pueden llevar a la práctica, las im-practicables o dicho de otra manera: lo poético del mundo.

"El hombre es un ser finito
que sólo existe verdaderamente mientras el sistema lo llama,
lo fundamenta y le asigna un lugar."
Mandrioni, H. - Sobre el amor y el poder. Cáp. 6

¿Cómo amamos entonces? El amor no es discursivo ni lógico, ni es una palabra solamente, ni es parte del sistema, ni sirve, está out y debe quedar out del sistema! Aquí sigue presente lo de Pascal el corazón tiene razones que la razón no entiende. Y la razón del hombre técnico no entiende, no entiende que hay realidades no-técnicas, y si las entiende, no importan. Y si importan no sirven. Y si no sirven, no existen. Sólo quiere manejar las cosas por medio de las palabras, lo que traducido en términos filosóficos, tiene un trato des-ontologizado, las cosas han perdido su sentido. ¡Qué importa que esto sea tal o cual! Afirmar que las cosas tengan una esencia o sentido sólo puede crear una mezcla rara de perplejidad y asombro en la mente del hombre técnico, como si le acabasen de mostrar un monstruo de tres cabezas. La pregunta ahora es: ¿Para qué me sirve? Notemos el “me”.Tiene una mentalidad utilitarista. Sólo es bueno lo que “me” sirve y “me” es útil.

El amor es irracional. Irracional no es antirracional como lo contradictorio de racional, simplemente niega que sea racional, que sea discursivo, que sea lógico, que sea algo que se pueda asir o manejar o numerar o pesar. Que el amor esté dentro o fuera del sistema, nos importa lo que le importa al hombre técnico el sentido de las cosas. El amor nos mete en el mundo y nos permite disfrutar de él, pues nosotros vivimos en un mundo y no en un sistema. En la puja entre el amor y la técnica, la técnica hace uso de su poderío aplastando y quitando del camino al amor por ser una debilidad insufrible de la especie humana que no merece consideración alguna. El amor es algo que queda como residual, no como lo fundante y primario de la existencia que da sentido a la vida, o al menos lo pretende.

El amor es irracional (no antirracional) e irracional fue Petrarca. El joven Petrarca, el joven poeta Petrarca una mañana primaveral de un día cualquiera del año 1327 caminaba... no!, mejor aún!, el día 6 de abril de 1327 por la mañana, ¿por qué un día cualquiera si él mismo anotó exactamente el día? Era un día determinado que marcaría un antes y un después. Bien, el joven Petrarca sigue caminando hacia su punto de inflexión. Francesco, que así se llamaba, se encaminó con sus 23 años hacia la Iglesia de Santa Clara en su natal Arezzo. Su espíritu no esperaba encontrar lo que encontró. Caminó hacia la Iglesia como siempre, subió la escalinata como siempre, y como siempre le daba el sol en los ojos. Solo levantó su mirada cuando la sombra del templo lo cubrió. Y al levantar la mirada se encontró con la mirada de una mujer. Y ya no fue todo como siempre. Se había encontrado con una expresión silenciosa, con unos ojos hermosos, con una mirada especial solo para él. Nada más que una mirada y nada menos también. Se enamoró de una mirada. Aún el veneciano Giacomo Casanova (1725-1798), al final de su Memorias (12 volúmenes! y qué buena memoria y cuánta!) señala que en una última instancia un hombre no se enamora sino de un bello rostro con una bella mirada (y lo dijo Casanova, no Bécquer!). Pues bien, nuestro querido Francesco le escribió 365 sonetos de amor durante 30 años, aún después que su amada muriese. Laura nunca lo supo, que así se llamaba. Acaso fue racional el proceder de Petrarca? Sirve, es útil? Da ganancias? Me permite pertenecer al sistema? A todas estas preguntas decimos: No. No fue racional en sentido estricto, pero fue racional en sentido amplio del término, pues plenificó a Francesco en su dimensión más humana: La calidez de su corazón sediento de belleza.

Se ha dejado de lado o marginado lo no-racional porque no sirve ni permite tener un lugar en el sistema. No se habla ya más de mundo sino de sistema. Lo que no es racional y sistemático queda al margen: Es residual. Concretamente no se ama porque no sirve, y si no sirve no da un lugar en el sistema. La desmesura técnica vence al amor, la técnica engendra poder y este poder nefasto dictaminó que el amor solo suscita hombres pusilánimes y débiles, sin temperamento. El hombre técnico trocó el calor de su corazón por el frío y metálico sistema que lo aliena. Un sistema que le rompe el corazón.

"Estos son versos de G. Trakl (poeta austriaco), referidos al hombre de la actual civilización cuyo corazón sufre la maceración bajo las ruedas de la maquinaria moderna:
'Oh, la forma corrompida del hombre:
troquelada con fríos metales,
noche y espanto de bosques sumergidos y fuego quemante,
el salvajismo de la bestia;
calma del alma.'
Trakl, G. (Trakl-Siebengesang des Todes; Gedichte, hg.Hans Szlenar, Frankfurt am Main, 1964, S 69.)
(...)

¿En qué consiste esa forma corrompida troquelada en fríos metales? Podríamos ver en ella la corrupción del espíritu consciente y lúcido del hombre, alertado por la civilización técnica. El espíritu corrompido se metaliza porque su vida se enfría y se endurece; se metaliza porque la máquina lo invade, convirtiéndolo en un autómata, de modo que el ciclo que recorren el hombre y el mundo es el mismo: el ciclo de la computación y de la mutua transformación calculada. Como dice De Waelhens, ya no hay más diálogo con el mundo: sólo hay discurso sobre el mundo.
La metalización del espíritu se comprueba en su desvitalización y en la reducción que se lleva a cabo en lo referente a las posibilidades de la rica espiritualidad humana.
(...)
La metalización del espíritu significa su reducción, vale decir la conversión de la rica actividad vital de la espiritualidad humana en una de sus actividades, a saber: el pensar calculador." Mandrioni, H. - Sobre el amor y el poder. Cáp. 6, #7, pp.320-4.

El hombre técnico es frío y duro. No tiene calidez ni plasticidad. No tiene la calidez que proporciona el vivir una interioridad tal que transformando su mundo interior transforme el exterior. Veamos de paso que la palabra alma en griego es psijé y en hebreo ruaj, ambas denotaban una intencionalidad manifiestamente onomatopéyica, es decir, querían significar algo al pronunciarlas con esos sonidos (inclusive en los verbos latinos spiro y re-spiro). Querían significar la calidez del aliento de vida. Esto se ha desdibujado en el hombre técnico. Es un hombre despojado de su mundo interior, se ha exteriorizado. Vive exclusivamente en el mundo exterior, más aún en el sistema en el que se afana por existir siéndole útil o servil.

¿Cómo salimos de esta situación? A partir de lo que el hombre técnico ha dejado al margen, es decir, a partir del amor. Resurjamos desde el mundo interior, desde el corazón: Imagen adecuada de la calidez humana. Resurgir de este vacío de amor y de sentido. Queremos decir que el problema no es de los otros, sino nuestro. Apelar desde el corazón. Por esto debe darse en nuestro mundo interior, en nuestros corazones. Torceremos, pues no queremos destruir, al absolutizado brazo técnico si éste se adecua al amor, pero si esto no se da el amor se diluirá entre las manos.

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